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19 mar 13 Mirar a los demás

 En una vida tan corta para qué detenernos encriticar y generar frustraciones vacías que solo nos encarcelan, distraen yconvierten en mirones de las fotos de los demás, con envidia, en las redes sociales. Basta de tonterías y superficialidades, hay que amar al mirar a los demás.

Juega con una niña mientras en sus labios delirantes y sensuales brilla un espíritu emprendedor, decidido y apasionado; sus ojos poseen nuestro reflejo, quienes miramos expectantes ante tanta belleza.

La esquina nos detiene y observamos con precisión, ahora, a quien se aproxima al cruzar la calle como nosotros. Es un reflejo en el espejo, solo que describimos de arriba a bajo y sin dejar rincón, sin admirar, criticar o destruir.

Sucede a diario. En el aula de clase, en el instante impensado y hasta en los ámbitos religiosos y templos de adoración: el mirar —con o sin los ojos— a los demás es antonomasia del ser humano. Más aún, criticar, desplumar, despellejar, advertir y señalar se convierten en placeres humanos de demoníacas consecuencias o frustraciones angelicales.

Bien lo dice Alberto Cortez: “vivimos como lobos hambrientos acechando a los demás”, pero los espantos que encontramos entre los vivos nos persiguen para recordar que se nos cayó una, ya no sé levanta ni el ánimo y que nos golpeamos duramente porque los demás nos siguen aún cuando estamos solos, al igual que nuestras aberraciones, vicios, mentiras, dudas y cualidades.

Quizás el pathos, representado en nuestro gusto por la vida, excitación por lo nuestro y reverencia por el milagro de lo cotidiano, sea lo único que guarde la esperanza de reencontrarnos sin necesidad de referenciar a los demás como símbolos opuestos sino más bien como humanos complementarios.

Mirar a los demás, bien vale la pena cuando esperamos amar, admirar, aprender, compartir, expresar, hablar y sentir. Pero debemos detenernos cuando se convierte en el fetiche de odiar, gritar, interrumpir, irrespetar, insultar, discriminar o destruir.

Practiquemos para que en nuestro ethos estén las pulsiones de vida que inspiren bondad permanente y nunca indiferencia ante el sufrimiento humano o de cualquier forma de vida.

Sean entonces nuestros ojos quienes enamoren aquellos reflejos de dulzura y belleza que están en el otro, ser vivo y con corazón latiente. Aunque de negro, en ocasiones, guarda en su pecho la grandeza de vivir, poder amar y enamorar con sus labios, palabras y gestos. Complementemos así con la gracia de escuchar a los demás y el maravilloso y excitante placer de sentir a quien está al frente, venga del Norte, del Este o de cualquier rincón de nuestra vista.

Sin duda Cortez es sabio al recordar que “somos los demás de los demás”, por lo que nuestro comportamiento, a pesar del contexto, debe ser siempre ético y de defensa de la vida, la libertad y la dignidad de los demás. En una vida tan corta para qué detenernos en criticar y generar frustraciones vacías que solo nos encarcelan, distraen y convierten en mirones de las fotos de los demás, con envidia, en las redes sociales. Basta de tonterías y superficialidades, hay que amar al mirar a los demás.

Autor: Danny García Callejas PHD

Contacto:dgceudea@gmail.com

Fuente original: udea noticias

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