Los principios de la agenda internacional de eficacia de la ayuda parten de la premisa de que la ayuda sólo puede ser valorada como eficaz si produce impactos en el desarrollo a largo plazo y por tanto en las vidas de las personas, especialmente de aquellas que viven en condiciones de mayor exclusión y pobreza. En este sentido, la coherencia de políticas para el desarrollo resulta fundamental para conseguir una ayuda realmente eficaz, así como la búsqueda de nuevas líneas de financiación coherentes con los compromisos de los países socios y una adecuada adaptación de estos compromisos a las distintas realidades de los países de renta media.